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Realidades latinoamericanas en cine

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Realidades latinoamericanas en cine

Eliana Noscué _ ColombiaRealidades latinoamericanas en cine:
de lo sensorial y lo visual

Por Eliana Noscué
CORRESPONSALES

Fotografías: Luisa María Trochez A.
Fijación Fotográfica

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“El mundo de la industria incluía la participación artística del
hombre no sólo como espectador, sino también como actor,
pues el concepto de belleza en la obra de arte
es reemplazado por el deseo de significar”
Citado por Jesús Martín Barbero.

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Una colombiana caminando en Buenos Aires

Aún es tiempo de escribir desde la incertidumbre sobre la situación política y social de este país, de esta ciudad. Aún estoy entre la hibridación del turismo y la residencia. Aparecen y desaparecen lo que fueron certezas y luego dudas sobre la situación y la actual gestión política, económica y social de la Argentina. Aquí el silencio y la escucha han sido mis colegas, mis compañeros; me acompañan en el Subte, en el tren, en las caminatas, en esos encuentros con otros amigos Latinoamericanos o Centroamericanos que desde la experiencia individual compartimos nuestras percepciones sobre la herencia de nuestros países, nuestras culturas, nuestras gastronomías, nuestras guerras y nuestras supervivencias. A pesar de todas las cosas buenas que podamos decir o de las malas que criticamos, la conclusión es que parece que aun con aciertos, estamos perdidos tratando de encontrar nuestra verdadera libertad, como humanidad, como sociedad, como individuos.

Aquí cierro los ojos y al abrirlos pareciera que estuviera en un café, aquí en Buenos Aires, en primavera, al lado de una mesa donde están Martin de Jesús Barbero, Jean Baudrillard y Theodor Adorno compartiendo sus impresiones acerca de nuestro futuro. Siempre estarán vigentes. Siempre se encontrarán.

Baudrillard tomando un sorbo de café dice “la inercia, la indiferencia, la pasividad de las masas no es efecto de ninguna acción del poder, sino el modo propio de ser de la masa” (1). Adorno agarrando una galletita dulce plantea que “la indiferencia política y la pasividad, su silencio, es el modo de actividad de las masas” (2).

Barbero, pensando, mirando hacia la izquierda y levantando el dedo índice de su mano izquierda, complementa: “¿Pero qué es una masa? Es un fenómeno psicológico por el que los individuos, por más diferente que sea su modo de vida, sus ocupaciones o su carácter, “están dotados de un alma colectiva” que les hace comportarse de manera completamente distinta a como lo haría cada individuo aisladamente. Alma cuya formación es posible sólo en el descenso, en la regresión hacia un estadio primitivo, en el que las inhibiciones morales desaparecen y la afectividad y el instinto pasan a dominar, poniendo la “masa psicológica” a merced de la sugestión y del contagio (3).

Me retiro de la mesa. Creo que Barbero continuó con su definición y creo que después llamó la atención sobre la lógica de la diferencia en las verdades culturales y los sujetos sociales, ese reconocimiento que hace a la riqueza del mestizaje Latinoamericano, reflejado en la lucha constante por existir en contra de la homogeneización y el poder hegemónico que ha pretendido implantar en estas queridas tierras, naciones en busca de la “modernización” y la “civilización”. Son esos mestizajes Latinoamericanos que me hablan con diferentes acentos, pero con las mismas necesidades de ser escuchados, vistos, sentidos.

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Entre rieles y vagones

Para desplazarme desde la Capital hasta La Plata abordo la Linea Gral Roca del tren. Los grafitis son el color en movimiento que acompañan estos viajes; luego ese olor a sudor de obrero, ese generado entre risas y llantos, escases y esperanzas, aquel que algunas veces se revuelve con los perfumes de los empleados recién bañados y otras con la brisa fresca que parece que huyera de las cañerías para que no la alcance, pero que finalmente cuando pasa por el tren no podemos hacer otra cosa que taparnos la nariz. Pieles oscuras por el sol o por la genética, pero algunos cabellos rubios a medio teñir por elección estética; muchos piercings en sus rostros ¡hay que demostrar el empoderamiento del cuerpo! Es esa argentina que esta fuera de los prototipos y estereotipos de inmigrantes europeos que llegaron para quedarse. La colorida Latinoamérica. La pluralidad hecha matices. El pueblo subsidiado. Los que tenemos cicatrices en las piernas por caminar entre el lodo. El mate de una mano y el termo con agua caliente de la otra, el ritual de compartirlo.

Y viene lo sonoro. En primer plano el trepidante y consecutivo ruido del tren, ese sonido que cambió la historia, allá donde se gestó la revolución industrial para luego darle paso al capitalismo; y para completar la esencia de ese espacio en movimiento, los vendedores ambulantes que vociferan y convierten el tren en miscelánea, dulcería, restaurante, librería, teatrino, tarima. Venden de todo. Hasta sus necesidades. Me recuerdan a Cali cuando en el papagayo o en el alameda la comunidad de vendedores ambulantes coexistía con los pasajeros. ¿Qué será de ellos?.

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Sigo en el tren: La mina (4) que parecía piba (5)

En uno de mis viajes un pibe de unos 15 años se sentó a mi lado; él viajaba con dos personas más que se sentaron detrás de mí, yo solo escuchaba, creía que eran sus hermanos menores, sus voces parecían de niños. Era desde la jerga que se comunicaban, yo no entendía muchas cosas de lo que decían. Una de las dos voces agudas que me llegaban de atrás le reclamó algo al pibe, él le respondió:

¡rescatate! ¿Estás mal de la redonda? ¡Solo fue una gira!… ¿sabes qué? tengo una lija de puta madre!

Traducción: ¡relájate! ¿Estás mal de la cabeza? ¡Solo fue una rumba!… ¿sabes qué? ¡Tengo un hambre de puta madre!

En ese momento pasaba un hombre ofreciendo empanadas, el pibe de unos 15 años sacó de su pantalón tres billetes de cinco pesos, pagó tres empanadas y le indicó al vendedor que las otras dos eran para las personas de atrás. Luego de varias conversaciones más donde se insultaban, se alzaban la voz y se reclamaban cosas. Surgió esta, la que se me quedó letra a letra en la memoria:

1: Cometé la puta empana! ¿Por qué no querés? ¡Mirá que tu hermano te la compró para vos! ¡te la voy a quitar!
2: noooo!!!! Es mía hija de puta!!!
1. Sabés que! Tengo tanta hambre… que te la voy a quitar… tengo tanta hambre que te mataría por ella… ¡sí! eso voy hacer… te voy a matar… te voy a tirar por el tren y me quedo con ella… te mataré por la empanada…
2. Nooo hija de puta… primero te mato yo… te cojo del greño… te estrello en la ventana y te empujo para que te pase el tren por encima…

Mi oído necesitaba de mi visión. El tono era tan serio, tan real, parecía que si no lo hacían hoy, algún día se tirarían por el tren entre ellos. Voltee a mirar, era un hermoso pibe de 5 años, trigueño, de ojos redondos, brillantes y pestañas grandes. La otra era su madre, de 40 años más o menos, de baja estatura, delgada, una mina que parecía piba.

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“Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito.” (6)

Vuelvo a la Capital. Aquí lo efímero del tiempo y la necesidad de producir dinero no permiten percibir lo visual y lo sensorial tan detenidamente. Esas percepciones varían entre la diversidad de actividades culturales que se ofrece: teatro, cine, música, deportes, arte, museos, exposiciones; muchas de entrada libre y gratuita, y los subsidios que aun en mi situación migratoria me favorecen: El subsidio sobre el transporte público donde el pasaje urbano es de 600 pesos colombianos o el pasaje del tren que es de 500 pesos colombianos para un trayecto de una hora y veinte minutos; la Ley de Precios Cuidados, que técnicamente es la protección sobre el alza en alimentos básicos de la canasta familiar, no suben de precio a pesar de la inflación que sufre el país. Pero estas percepciones vienen de lo tangible, de la absurda realidad; yo prefiero refugiarme de ella en la oscuridad del cine; allí donde mis percepciones la trascienden.

Luisa María Trochez A - Revista Visaje (5)

Cine Gaumont. Buenos Aires, Argentina

Conociendo al Gaumont (Av. Rivadavia 1635)

Creo que al pensar este texto, divagué entre estar cautivada, encantada o maravillada; creo que fueron todas juntas con un toque de enamoramiento. Ya me habían dicho: ¡tenés que ir al Gaumont! Evidentemente no pasó una semana para hacer esa visita; como me habían dicho que era un cine independiente, me imaginé algo modesto, pequeño; para nosotros (me atrevo a incluirlos en mi afirmación, ya dirán si se suman o no) independiente es sinónimo de rebusque, es como el sueño de ganarse una beca, convocatoria o estímulo para invertir en el proyecto; que se reescribe para que le guste al productor… se reescribe para que cumpla con los requisitos de la convocatoria… se reescribe para que venda… y se reescribe en busca de su realización. ¡Bueno, no estamos para llorar!

Al voltear, en la esquina de la Avenida Rivadavia y la Avenida Callao, me encontré con un aviso luminoso, ese azul de neón muy elegante que me anticipaba algo emocionante, y en blanco: GAUMONT. Sentí como cuando se va al encuentro de la primera cita, desde varios metros antes sabes si te gustó o no. A mí me encantó ese azul. Luego el bronce de las manijas y los marcos de las puertas recién lustrados, los glamurosos paños rojos que hacían juego con los vestidos negros de los empleados; y una vasta cartelera entre ficción y documental que completaba la maravillosa experiencia de ir a cine. Mi compañera no llegaba así que determiné comprar las boletas por temor a que se agotaran, pues íbamos a ver la taquillera del momento. Se reforzaba el coqueteo entre el Gaumont y yo cuando pagué 8 pesos por la boleta; 1.500 pesos colombianos. Le sonreí ridículamente al cajero, espero que no haya malinterpretado mi sonrisa, no era por él, ni para él.

Ahora una información. Para salir de mi visión, esa hipersubjetiva, a la que volveré pronto. El edificio del cine Gaumont fue construido en 1912 y bautizado con ese nombre en 1922, tomaron como modelo el Palace Gaumont de Paris que fue construido en 1911, aunque, dicen, que evidentemente luego de unos años adoptó el estilo Latinoamericano, ¡nuestro propio estilo!. Después de muchos años de historia, en el año 2003 el lugar fue alquilado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Visuales (INCAA); 10 años después, en el 2013 fue adquirido definitivamente por el instituto, en otras palabras: se volvió público. Y por lo menos, desde mi experiencia visual y sensorial con este teatro y con el cine que conocí allí, puedo decir que hay garantías en Argentina para apreciarla, conocerla, verla y escucharla en la pantalla grande, en el séptimo arte.

Vuelvo a mis percepciones. Creo que los argentinos han tenido mucho tiempo para reforzar sus experiencias y su comunicabilidad con el séptimo arte; siento que experimentan sinceramente esta hermosa experiencia. Los adultos mayores se engalanan cuando vienen aquí, lucen elegantes; los más jóvenes se citan para enamorarse, ¡lo escuché! Es como un ritual. Les gusta ir a ver sus propias producciones, es claro que se sienten orgullosos de lo que producen. Es una realidad, han logrado una vasta experimentación sobre la imagen en movimiento; se atreven a complementar conceptos y metáforas, se atreven a comunicar desde la imagen; hablan desde el desenfoque, las imágenes sub-expuestas o sobre-expuestas; el movimiento experimental. A veces siento que sacrifican “la belleza” de la imagen por la finalidad de comunicar, crear sensaciones, emociones. Logran cine.

Al final de cada película, aplauden, valoran, expresan que saben lo que puede costar hacer un largometraje. ¡Claro¡ se siente cuando les ha gustado más o menos, aplauden más o menos. Algunas veces los directores o productores de las películas están afuera de la sala al final de la proyección entregando publicidad de la peli. Me imagino la satisfacción que se debe sentir cuando se escucha la emoción de los espectadores; algo como lo que sintió Hitchcock cuando estrenó Psicosis. Sin exagerar.

Una vez me enamoré tanto de los protagonistas del documental que ví: Seré Millones se llama y es como el corazón: rojo y a la izquierda. Ese día aplaudí más que siempre, no podía creer la aceptación que tenía ese tipo de cine documental en toda la comunidad presente, no podía creer que toda la sala, igual que yo, se enamorara de la representación, la recreación de la historia de un robo a un banco nacional fraguado por dos guerrilleros, ahora exguerrilleros, en la etapa de la dictadura del General Lanusse en los 70`s. Cuando salí, besé y abracé al director, lo felicité por hacer ese tipo de cine, creo que esperaba halagos por la calidad del docu, pero yo le dije: ¡Gracias por enaltecer la insurgencia!. Creo que el director esperaba algo como lo que le dijo Victor Hugo Morales de Radio Continental: “Un ejemplo formidable de cine documental, una de las mejores películas documentales que he visto. Tengo razones para admirar cualquier trabajo cinematográfico de estos directores”.

Entonces confirmé que existe una construcción cultural a partir de sus producciones cinematográficas, que ha permitido y contribuido para que los argentinos y quienes los visitamos tengamos la posibilidad de convertir una tarde cualquiera, en una maravillosa tarde de cine.

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Documental: Seré Millones: Cuando eran jóvenes robaron un banco. Hoy lo volverían a hacer. Seremillones.com.ar

Siento que me fluye más escribir mis percepciones que decirlas cara a cara. Por eso decidí abrir el telón con este docu, creo que me di cuenta que debía hacerlo horas después de que salí de la función. Recordé que “No hay testimonio sin experiencia, pero tampoco hay experiencia sin narración: El lenguaje libera lo mudo de la experiencia, la redime de su inmediatez o de su olvido y la convierte en lo comunicable, es decir, lo común” (7).

Transcribiré la sinopsis que está escrita detrás del flyer que me entregó el director: “En enero de 1972, durante la dictadura del Gral. Lanusse, un grupo de militantes revolucionarios ocuparon el Banco Nacional de Desarrollo, a pocos metros de la Casa de Gobierno, expropiando para la causa la suma de 450 millones de pesos (aproximadamente 10 millones de dólares en la actualidad). Esto fue posible gracias a Oscar Serrano y Ángel Abus – militantes y empleados del banco-, quienes prepararon durante dos años lo que se convertiría en el mayor golpe a las finanzas de la dictadura. 40 años después Oscar y Ángel recrean junto a un grupo de actores aquellos hechos que cambiaron sus vidas”.

Documental Sere Millones (2013)-Revista Visaje

Seré Millones (2013) – Omar Neri, Fernando Krichmar & Mónica Simoncini

Esa es la historia, interesante en sí misma, pero cautivadora, entretenida, fluida y políticamente digna por cómo fue contada. Plantea una narración que sitúa su atención a las motivaciones ideológicas que suscitaron a estos dos hombres a pensar, planificar, efectuar y asumir un acto de rebeldía tan alto, que si fallaban…ya la historia nos ha contado que les hubiera pasado. Se crea un dialogo entre los personajes reales, los actores que recrearán la historia y nosotros los espectadores ¡un triángulo amoroso! Los asistentes teníamos la tarea de ir construyendo los hechos entre esos dos planos narrativos: el documental, representado por los rebeldes y el ficcionado, representado por los actores que escuchan detalles para recrear (nos) la historia.

Además de plantear esos dos planos narrativos, logran articular desde lo visual una comunicación constante entre el cine y el teatro. Estábamos en cine, pero también en teatro. Muchas escenas suceden en escenarios teatrales, otras en escenarios reales (el banco hoy en día) todo ello al servicio de la historia. Los personajes reales cuentan experiencias, situaciones y detalles de los momentos más importantes, se los narran a los actores para que ellos los interpreten, luego en la propuesta de montaje logran una fluidez entretenida e inteligente de situaciones contadas, representadas y actuadas; todo al mismo tiempo. Creo ingenuamente que descubrí su interés: más que contarle a los actores, estos dos personajes nos contaban a nosotros, nos convencían por medio de la dialéctica porque había sido necesario tal acto de rebeldía y emancipación. Y nosotros los aprobamos. Les aplaudimos. Reivindicamos la insurgencia.
Luego sucedió lo del saludo efusivo al director.

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The Exploited: ¡Punk’s not dead!

Lo cautivante del cine argentino es que logra abstraer la realidad a un punto tan álgido que cuando estoy en el Gaumont siento que hago parte de la película, que estoy al lado de los personajes en un día de rodaje, y no es una metáfora, realmente pasa, ya verán porque.

Este día la elegancia del Gaumont fue irrumpida, alterada por una estética distinta que fragmentaba la realidad, se contraponía a la elegancia y la pulcritud de ese universo. Era la inauguración de la 8va Muestra DOCA (Documentalistas Argentinos): Ojos que no ven… por cine documental en las 900 salas del país. Se abría la muestra con Nunca Digas Nunca: Un Documental Sobre Desaparecidos en Democracia (2014).

Tuve que hacer una larga fila para adquirir mi entrada, en la esencia del lugar ya sentía que era ese tipo de estrenos “íntimos” donde se invita a los amigos, colegas y conocidos que vivieron el proceso de la realización; lo supe porque se saludaban entre si fraternalmente, como si hubieran planeado su encuentro, como si hubieran esperado este momento por mucho tiempo. La chica que estaba después de mi llevaba su cabeza rapada, una blusa que dejaba ver sus tetas en libertad, un pantalón oscuro, unos zapatos rotos y en la espalda un tatuaje del símbolo anarquista formado por una bicicleta. Yo sentía ese olor que solemos producir las mujeres cuando se nos olvida aplicarnos desodorante, ese tierno olor a sudor que no llega a ser desagradable si no dejas que pase varios días; pero el de ella era un poco más fuerte, era obvio que no le preocupaba y todo tuvo sentido cuando vi sus axilas, creo que no veía axilas femeninas así desde… de hecho creo que eran las segundas axilas femeninas sin depilar que había visto en toda mi vida. Tenía los pelos largos, se le salían incluso cuando sus brazos estaban cerrados, me agradó ver el empoderamiento que proponía de su cuerpo; sonreí.

Después fueron llegando más, muchos; estos ya tenían las crestas en sus cabezas, pantalones con taches, botas, maletines desgastados, cadenas. Parecía que toda su mugre hacía parte de un performance en el Gaumont . Era una tribu punkie. Yo estaba cautivada, me inquieta su estética, es de las practicas revolucionarias más básicas, pero más difíciles de sostener; es expresar desde la estética individual el desconocimiento a la sociedad, el rechazo a la aceptación. Creo que ví tantas axilas femeninas peludas, como nunca volveré a ver en mi vida. Se veían tan cómodas con sus tetas moviéndose de un lado para otro que creo que sentí envidia. Lo que ya se me tornaba reflexivo era que el tierno olor a sudor multiplicado por tantas chicas y ahora con el aporte masculino, se había convertido en algo más fuerte, era el olor antagónico de la sociedad del consumo, era como si en lugar de comprar lociones y suavizantes para ropa; no compráramos ni lociones ni suavizantes para ropa; y en lugar de invertir el tiempo y sacrificar la libertad por hacer dinero y después haciendo compras; sudáramos por pedalear en bicicleta para llegar al Gaumont; entonces esos olores cobraban vigencia, significado de existencia; hacían parte de mi experiencia sensorial; me impregnaron tanto de ella que llegué a tararear una canción emblemática, ¡tenía que garantizar toda la escena!:

“Punk’s not dead, I know
Punk’s not dead, I know
Punk’s not dead, I know
Punk’s not dead, I know it’s not”
“We’re all punks and we don’t care
We’re boot boys who dye our hair
Leather jackets, jeans and boots
Run about every night”

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Nunca digas Nunca - Revista Visaje

Nunca Digas Nunca (2014) – disponible en https://vimeo.com/111141012

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Nunca Digas Nunca: Un Documental sobre Desaparecidos en Democracia

Empezó la función. En la presentación inicial que hizo el director de DOCA me enteré que los realizadores del documental habían decidido que fuera anónimo. ¡los punkies son los realizadores! Su propuesta no solo es audiovisual; ya están reconceptualizando con su estética, con su cuerpo y con su estilo de vida el ser punkie; trascienden de la música, las drogas y el alcohol; atacan el sistema proponiendo reconceptualizar el cine documental, replantearse en plena contemporaneidad los significantes del séptimo arte. Aquí sus argumentos: ¿Por qué anónimo?

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I

El documental es, más allá de nosotrxs. Desertamos del papel impuesto del realizador, desertamos del autor-autoridad. No somos dueñxs ni autorxs. Lo nacimos para dejarlo libre.

No buscamos un lugar de poder al omitir nuestras identidades. Buscamos robarle un espacio a lxs dueñxs del circo, porque no hay actor más peligroso que el colectivo.

Vivimos en una sociedad que exige la figura de un autor para ser escuchado pero ya comprendimos la funcionalidad persecutoria que le encontraron a la autoría. Elegimos el anonimato como espacio de todxs y de nadie, de nosotrxs, aquellxs que hoy, ayer o mañana seremos el enemigx internx que cree el sistema.

Nuestra difusión es entre pares, porque hemos visto las plazas, las casas, las calles, las okupas, los bachis, las fábricas, las asambleas transformarse en cines.

II

Estamos experimentando otra forma, no buscamos imponer una “nueva forma”. No tenemos miedo a equivocarnos, sino a perder la capacidad de autocrítica. Rechazamos las vanguardias. Nosotrxs creemos en lo colectivo y en no quedarse quietxs.

Lejos de haber una ruptura o falta de compromiso entre lxs realizadorxs y ese fragmento de realidad retratada, preferimos encontrarnos en la calle, en la lucha. Es un llamado a la complicidad.

La cuestión del anonimato no es más importante que lo que cuenta el documental, quien lo pone en ese lugar no está escuchando.

III

Muerte al espectador. Rechazamos la inmovilidad frente a las pantallas. Creemos en la potencia sensible del cine.

Queremos que escuches sus nombres. Que (la) veas. Que lo que te produce en cada fibra de tu ser, no te pase desapercibido.

Casi siempre, al prenderse la luz, la atención se pone en lxs realizadorxs y se olvida lo que atravesó el cuerpo de cada unx. Nuestra propuesta es que dejemos de mirar el escenario y empecemos a mirar a nuestro alrededor. Cada unx tiene algo para hacer frente a esta realidad que nos toca a todxs.

VI

En estos años de realización colectiva aprendimos que haciendo silencio se escuchan otras voces. Mientras hablamos y escuchamos ahora, alguien grita de dolor, de rabia.

Ocupemos el espacio con las voces de lxs desaparecidxs. Esas voces son las de lxs familiares que luchan, ellxs a quienes silencian los medios de incomunicación.

Llamen a las comisarias, llamen a lxs abogadxs, a lxs jueces, a lxs fiscales. Pregunten por que lxs absolvieron, por que lxs defendieron. Pregunten donde están.

No es momento de hacer aparecer una película en los medios sino de hacer aparecer en los medios a lxs desaparecidxs en democracia.

Se apagaron las luces. Empieza un documental expositivo; imágenes de archivo que apoyan la historia sobre el surgimiento de los entrenamientos a soldados y policías Latinoamericanos, por parte de militares Estadounidenses con el fin de enseñarles prácticas de tortura y desaparición a militantes políticos, con el fin de garantizarse la consecución y permanencia del poder, de la maquinaria política y militar. Es un pasado doloroso, por ello recurren a la recordación de la reciente dictadura que tuvieron que afrontar hace menos de 40 años; en su discurso plantean que debido a las desapariciones que sufrieron, hoy son una generación mutilada, atemorizada, reprimida. Plantean que aprobaron la democracia actual bajo el lema de que “NUNCA MAS” vivirían un genocidio como ese; pero denuncian que aun hoy en su democracia hay desaparecidos y ejecutados en nombre del Estado, en pro de mantener el poder, el sistema. “La policía es la misma, la de hoy y la de ayer. El aparato no se desmanteló, se disfrazó de democracia”.

Para justificar el argumento se expone cuatro historias de desapariciones en la democracia actual. Cuatro casos ocurridos en los últimos 10 años. Los humanizan. “Nunca digas nunca, te puede pasar a vos”:

Miguel Bru_Jorge Julio López_Luciano Arruga_Jonathan Lezcano copia

Miguel Bru, Jorge Julio López, Luciano Arruga, Jonathan Lezcano

Miguel Bru: amaba a Boca… soñaba con un mundo distinto… le decían “el Stone… no lo dejaron proyectarse… no lo dejaron vivir…

Jorge Julio López: hizo todo lo posible para no olvidar… era un laburante, laburo toda su vida…

Luciano Arruga: era el pibe al que todas las vecinas le pedían hacer mandados… tenía ese don para hacer amigos…

Jonathan Lezcano: jugaba al futbol… le gustaba sentarse a ver los simpsons… se embroncaba muchísimo cuando la policía lo paraba injustamente.

Estos bocetos dibujados con palabras húmedas por las lágrimas y suspiros de dolor que intentan escapar pero que vuelven y se regocijan en los pechos de sus madres y en el caso de Julio López de su esposa; nos transmiten la necesidad de recordarlos, de devolverlos a la vida con las frases que los convocan a existir nuevamente. Cada mujer en entrevistas intermitentes exponen su historia de perdida, búsqueda y resignación. Paralelo a sus discursos una voz en off nos cuenta la cotidianidad de los habitantes en las villas miseria; la pobreza en el frio, los estereotipos que marginan y condenan, los grafitis que dicen: los pibes no nacen chorros (8). Nos dicen que como antes, la desaparición es selectiva, en menor medida por supuesto, pero igual de dolorosa si te llega a tocar.

Lo valioso de este documental, más allá de las dificultades en el sonido de las entrevistas, es la grave denuncia que hacen de un gobierno que a nivel Latinoamericano y mundial está siendo reconocido por las garantías sociales que ofrece bajo el lema de patria grande. Pero más allá de reconocimientos mediáticos, estas, las experiencias que he vivido en el Gaumont son mis realidades latinoamericanas. Se acaba el documental, estalla la sala 2 en aplausos, silbidos, alegrías, emociones, sentimientos álgidos. Abren el micrófono para que aquel que se haya dejado invadir por la emotividad haga uso de él, pero como si fuera parte del documental, como si aún no hubiéramos vista su final, quien toma la palabra es la madre de Jonathan Lezcano, parecía que un personaje de la película hubiese salido de la pantalla. Irrumpe con agradecimientos y convencida de que de esta forma trae de vuelta a la vida, a su hijo; a pesar de que el llanto intenta quebrarle la voz, nos sorprende contándonos de esas cotidianidades que te hacen humano:

Fue algo como: “Cuando veo a mis nietos, ya grandes, extraño que su tío no pueda llevarlos a la cancha a jugar al futbol, porque cuando él estaba siempre iban los domingos en las tardes y cuando llegaban llenos de sudor y mugre, yo los mandaba a bañarse, pero ellos me hacían un canto, como esos que componen los hinchas del futbol, me decían ¡nooo mamaaaa, nooo, aqui estamos pa´ aguantarrrrr, aguanteee al mugreeee, aguanteee al mugreee, aquí estamos pa´ aguantarrrrr!”: Todos abandonamos el desconcierto y adoptamos una sonrisa de admiración; ese había sido el verdadero final del documental.

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Kajianteyá: La que tiene fortaleza

Hasta aquí lo urbano complementaba el protagonismo de esta experiencia; ahora llega el momento final; ese que como en las citas de enamorados, deja escapar suspiros y sonrisas en solitario. Nunca escogí adrede que el cine presentado en este texto fuera documental, no fue premeditado, quizá hace parte de esas energías circundantes, en las que creo y convoco para que me acompañen día a día, algunos la llaman buena vibra, energía positiva, Darma, energías universales; pues bien tuvo que haber sido parte del destino que a la salida de Nunca Digas Nunca me encontrara con dos amigas que apenas llegaban al Gaumont y que me preguntaron: ¿no te gustaría acompañarnos a ver esta película? Cuando dijeron el nombre ni siquiera lo comprendí, pero no importaba que película era; la mayoría de veces aprovecho mi visita y hago el 2×1: 2 películas x 1 viaje.

Que experiencia más tranquila y agradable. Kajianteyá es una de las protagonistas de esta película; una mujer fuerte, una indígena hermosa, de 35 0 40 años, corpulenta; que tiene tanta fortaleza que es su esencia la fuerza del documental. La otra protagonista es presentada desde el intro: la madre naturaleza o la pacha mama. Con tomas aéreas llegamos a la zona selvática del Chaco Salteño, ancestral territorio de la tribu wichi; estando allí, sus habitantes, los pocos que por amor a ella la siguen cuidando y habitando, nos cuentan como a partir de la indiscriminada tala de árboles, la destruyen, ocasionando derrumbes, sequías, inundaciones, incluso desplazamientos forzosos de los habitantes, de un lugar a otro, por la privatización de zonas que históricamente han sido de ellos pero que ahora, por orden y diligencia del Municipio y del Gobierno Nacional, son vendidos y cedidos a las grandes multinaciones madereras. “Nosotros vivíamos más dignos en la prehistoria, que en la actualidad con tantos derechos, y uno ve eso y el espíritu me dice todo el tiempo decilo, decilo porque es la realidad”

Cuenta Kajianteyá que cuando era niña sus padres y la comunidad que hacía parte del caserío, se adentraban en la noche al bosque para llevar a cabo las ceremonias y rituales como homenaje a la madre naturaleza; pero esto lo tenían que hacer sin que los religiosos, los cristianos Anglosajones, se enteraran, pues les tenían prohibido ese tipo de “aventuras”. Así pues los wachi debían ir a la iglesia de día y a la selva de noche. Ese fue el resultado del histórico genocidio cultural que hemos vivido en toda nuestra Latinoamerica; como lo vivieron Los Incas, Los Aztecas, Los Chibchas, todos los que a pesar de nuestra sangre indígena hoy vestimos con camisas de The Rolling Stones u olvidamos que la Argentina no existe después de sus migraciones europeas: Polacos, Italianos, Noruegos, Franceses; olvidamos que antes de ellos, de los que forman el estereotipo de blanco y ojos claros; ya habían civilizaciones indígenas; estaban aquí antes que ellos.

La fotografía verde, naturalmente hermosa, literalmente. Planos subjetivos que nos guiaban por los caminos embarrados escuchando las historias de Kayianteyá. Entre sus relatos está la anécdota de cuando hizo huelga de hambre en la municipalidad de Buenos Aires para exigir el reconocimiento de las tierras que habita su comunidad históricamente, pero que no les ha sido entregado. Allí más que en cualquier otro momento sentí realmente que Latinoamerica es una sola. No había diferencia entre Salta, El Cauca o Nariño; somos los indígenas tratando de existir en medio de la barbarie de concreto, la sociedad de consumo y la globalización.

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Un hasta luego

Soy solo un medio que siente y ve. Es el cine el que comunica, permite expresarnos como sociedad, como humanos; allí en esos lugares o países donde se garantiza que diferentes visiones, expresiones, narraciones, colores, imágenes, posiciones políticas y pasiones cuenten lo que un equipo de personas crea, pero que representa e identifica lo que muchos quieren decir. No es mi voz, son las voces de Seré Millones, Nunca Digas Nunca y Kajianteyá, son sus realizadores los que hablan desde la pluralidad, las diferencias, lo mestizo, la multiculturalidad y somos nosotros, los espectadores, quienes aceptamos conocer, entender, tolerar, respetar e incluirnos en la finalidad de hacer del cine un arte social, para mí es así.

Mientras siga aquí, seguiré visitando el Cine Gaumont, creo que será de esos amores que pasan por la vida y cuando se van es inevitable recordarlos, y al recordarlos es inevitable suspirarlos.

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Eliana Noscué 

Es Licenciada en Literatura y Comunicadora Social y Periodista, ambos títulos de la Universidad del Valle; actualmente cursa el Doctorado en Comunicación Social en la Universidad de La Plata, Argentina. Sus textos han sido publicados en el Periódico La Palabra, El País de Cali y en la Revista Nexus.


 

1 BARBERO Martin de Jesús, De los medios a las mediaciones, 68-69.
2 Ibid.
3 Ibid.
4 Mujer.
5 Niña.
6 Julio Cortázar.
7 SARLO, Beatriz.  (2007). Tiempo Pasado Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión. Argentina S.A. Siglo veintiuno Editores. p. 29.
8 Los niños no nacen ladrones.