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El parche. Conversatorio con Wilson Quintero

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El parche. Conversatorio con Wilson Quintero

IDENTIDAD_El parche
Conversatario con Wilson Quintero (Tarantula Films)

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Luisa Gonzalez: Buenas noches, perdón por el pequeño retraso. Estamos esperando un invitado que espero que en cualquier momento llegue, es un profesor de la escuela de Comunicación Social -Camilo Aguilera- que fue a través de él que yo pude contactar a Tarantula Films que es Wilson Quintero (de Popayán, y que ahora vive en Cúcuta). Tenemos hoy El Parche que fue una película a través de la que yo empecé esta investigación por ese contacto con Camilo. Principalmente por las investigaciones que él ya había hecho y eso me empezó como a crear una red que también siguió con Marcando Calavera y que fue con la película que empezamos. Yo molesto porque digo que tenemos dos películas de Popayán y no es porque yo sea de Popayán (Risas) sino porque también es algo que en el centro la oferta tiene que ver con ciertas migraciones que tiene la ciudad de Cali: tenemos trabajos como los de El Desplazado que son de Guapi; tenemos del Cauca, que es una migración también que es muy importante aquí en Cali, y que creo que es por eso que tenemos dos películas de Popayán aquí ¿no? que también es una ciudad en la que se ha hecho muy poco cine. O sea, no hay ninguna producción grande. Creo que hace poco tiene una que está a punto de salir en salas.

Wilson Quintero: Creo que hicieron en la población de Timbio, se hizo una -no me acuerdo como se llama esa- pero fue también un trabajo a nivel nacional: fue un trabajo con una productora de Bogotá que trajo actores de Bogotá; o sea, no fue en si un producto netamente Caucano, es un producto como lo que sucedió con El Último Aliento en Cúcuta, que la productora Ocho y medios tomo una historia real que sucedió con un hincha del Cúcuta Deportivo: un ferviente hincha que murió -en la historia real a él lo mataron- y era de la barra brava del Cúcuta Deportivo, y los amigos, para celebrar eso tomaron el ataúd y lo metieron al estadio en un partido que estaba jugando el Cúcuta Deportivo. Eso fue una noticia a nivel nacional y se basaron de esa historia para crear una historia de amor llamada El Último Aliento. Entonces Ocho y medios vino acá y prácticamente trajo todo la gente de Bogotá: los actores, el equipo, etc.; y de Cúcuta se extrajo fue solamente los extras. Pero igual se hizo ese trabajo y lo mismo sucedió allá en Popayán -es que no recuerdo el nombre de lo que se grabó allá en Timbio- pero también fe como la misma historia.

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LG: Pero también es como eso que pasa ¿no? También son películas que se hacen en lugares donde no hay una producción de Cine como en Cali, por ejemplo. A mí la gente me dice que porque en el ciclo no incluyeron películas de Cali, pero es porque no encontré largometrajes que se vendieran en el centro hechos en Cali. Esta Petecuy, pero Petecuy ya es otra cosa porque tiene fondos del FDC, se presentó en el Festival de Cine de Cartagena, fue grabada con una RED ONE (Risas) entonces, la venden los piratas y ahora la están vendiendo, llevan como siete meses poniéndola en sus pantallas.

Con esa cámara es con la que se grabó la película que van a ver, por eso quería como que la vieran. A mí me gustó mucho que Wilson me la mandara con el loguito y todo como para mostrarme con que cámara se grabó El Parche. Podríamos empezar con que nos contaras como fue la génesis de la película. Iba a venir también Didier Velázquez -que es La Rata-, que fue como el que tuvo la iniciativa de trabajar porque los actores que salen aquí, la gran mayoría son pandilleros ¿cierto Wilson? Contanos un poquito de eso.

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WQ: Esta historia nació ya que Didier Velazco era uno de mis alumnos en la clase de formación actoral. Digamos, uno como persona que quiere contar historias una de las falencias que uno nota es la actuación ¿sí? uno puede tener los mejores equipos, tener el mejor guión, pero desde mi punto de vista si no contamos con un elenco de actores bueno, pienso que se pierde todo ese trabajo. Dentro del taller de formación que yo estaba llevando con los chicos les enseñe la parte básica de cómo escribir un guión, y Didier -que fue alumno mío- tomo esa iniciativa ya que él vivía cerca a ese barrio que en Popayán se llama el barrio Los Sauces, y es una parte muy problemática de allá. Donde, uno viendo está película o como la que se mostró (Marcando Calavera) se dice “No, eso es paja”, y no, es la verdad: lo que está ahí es lo que se vive a diario, lo que los muchachos viven a diario. Así que él tomo la iniciativa de escribir esa historia y me dijo “profe, yo quiero hacer este guión”, entonces yo le dije “pues hagámoslo, el problema son los actores”; y él respondió “No. Es que yo quiero que se haga con los muchachos de allá de la pandilla, me gustaría que todos fueran de allá”. Llegamos a un acuerdo de que, obviamente por cuestiones de seguridad, le dije -la verdad a mí me dio un poco de miedo-: “usted encárguese de los ensayos, y unos días antes del rodaje nos reunimos y hacemos un ensayo general con ellos, corregimos algunas cosas y listo”. Y así hicimos. Como ven se grabó con esa camarita, pero fue un trabajo muy interesante porque no crean, uno llega a ese lugar donde ya sabía que él que menos tenia, tenía dos muertos encima (El negro -se me olvidan los nombres- el negro tenía dos muertos encima, al que le pegan la puñalada era como el jefe de sicarios en esa zona) y en esa época por veinte mil pesos mataban a cualquiera, entonces era complicado ir allá. A mí me motivada era el hecho de llegar a contar esa historia porque dije “¡Ve! Genial trabajar con ellos como actores”, y en esa época estaba el boom de Víctor Gaviria con el cuento de La vendedora de rosas, y que trabajo y que fue un éxito, entonces dije “Bueno, me voy a arriesgar como parte de mi formación como hacedor de historias”. Entonces cuando ya fui al ensayo me di cuenta que, obviamente, la cara y la pinta que tienen no son nada atractivas pero dentro de esos seres hay algo, hay esencia, hay gente que tiene una vida, hay gente que tiene sufrimientos, hay gente que quiere contar esa historia. Me di cuenta que no son tan cien por ciento malos, y entonces empezamos: hicimos ese ensayo general y este fue el resultado de tres días de grabación. Como ven, se grabó con esa camarita. Tener un micrófono tipo boom por allá era prácticamente imposible, solamente en ese entonces tenían la Universidad del Cauca y una productora a quienes dije que me lo alquilaran pero me cobraron en esa época algo así como doscientos mil pesos el día ¡¿Cuándo?! Entonces me toco grabar con una camarita y usar el sonido ambiente ¡por eso los planos son tan pegados! para que no quedara tan mal el sonido. Y este fue el producto final. Quiero agradecerle a Luisa, la verdad todo me esperaba menos de que El Parche de que fue más como un ejercicio de formación personal que otra cosa, y tener la oportunidad de venir acá a Cali y mostrar este trabajo, a mí me enorgullece mucho y además, agradecerle a ustedes por la asistencia.

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LG: Wilson, conectando con lo de antes, te quería preguntar si los actores influenciaron en algo el guión ¿Qué tanto había de improvisación de parte de ellos?

WQ: Se trató de improvisar al mínimo porque ellos se metían mucho en su cuento, y como era prácticamente sobre lo que ellos viven a diario: la pandilla, que se enojan solamente porque uno dio una puntadita al otro se arma tremendo problema, porque le robaran una gorra a alguien, o porque alguien le decía algo de otra pandilla se armaban y eran matanzas: llegaban al punto de darse plomo por alguna bobada. No quisimos ¿por qué? Hicimos varios ejercicios de ellos improvisando pero se encarnizaban tanto en el cuento que se nos salían de la historia, entonces nos tocaba: “No, no. Mejor trabajemos de acuerdo al guión”, y en algún otro caso nos pasó todo lo contrario, porque se retraían entonces tocaba hacerlo de acuerdo al guión. Palabras como parcero o ñero, y que uno dice que es repetitivo, que es cansón, pero allá en esa época era así. Entonces dije que era genial. ¡Tan poco como tratar de disimular la realidad que hay!

Didier Velazco fue quien hizo la parte de investigación: el escribió el guión, él se relacionó con los pelados; entonces yo tome la decisión de respetar esa parte. Mi influencia fue más que todo en la parte de los planos y en algunas locaciones. Me parecía interesante, por ejemplo, mostrar la parte donde la gente está lavando en el riachuelo, que como vieron, en esa época era un rio totalmente cristalino, y ahora ustedes lo ven y es poquito y totalmente contaminado; mostrar ese barrio donde la gente viera como se echaban agua -allá en la ciudad de Popayán se acostumbra, el cinco de Enero, a jugar con agua (son las fiestas de Pubenza). Entonces tratamos como de respetar al máximo la historia, los diálogos y lo que ellos aportaran.

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Intervencion: ¿Cómo se terminó pirateando la película?

WQ: Esa es la pregunta que yo me he hecho, y lo más curiosos es que esa película está en YouTube (tiene no sé cuántas cantidades de visitas) y la subió alguien que ni siquiera conozco. Me dijeron que fue alguno de los muchachos de los que actuaron allí que se encargó como de venderla para ganarse unos pesos. La sorpresa fue cuando Luisa me dijo que la película estaba por acá en Cali y yo: “Vea pues. Pues bueno ¿qué mejor difusión que, en cierta forma, los piratas?” Pues uno no gana plata pero al menos se da a conocer, al menos se sabe que es una película que ya sea buena, mala, que gusto o no, pero esta allá. Me pareció muy interesante eso. De lo que sé es que, al parecer, fue uno de los pelados que por querer ganarse una plata, la vendió -creo que fue como en $30.000 o $50.000 a un pirata allá en Popayán- y eso fue como pan caliente que se vendió, ¡rapidito! Bien por él, mal por nosotros. Pero bueno, se dio a conocer.

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Int: ¿Qué difusión le hicieron a la película?

WQ: No. Se hizo más que todo interno, algo de barrio. La presentamos en el teatro pero pasó de lo que siempre se ha hablado: infortunadamente el sentido de pertenencia es casi nulo. Por ejemplo, en Popayán hablar de una película o de un producto local es como decir “No vaya”; además de que todavía no hay ese lenguaje cinematográfico, todavía no está la cultura del cine allá y mucho menos pensar de que alguien pueda hacer una película. En esa época decir que se hizo una película era decir “¡Huy! mentiroso, eso es paja, ese man de Wilson está loco” ¿sí? Pero se hizo. Entonces nos arriesgamos con el Teatro Bolívar. En esa época lo alquilamos, reunimos entre todos los muchacho y “bueno muchachos, de a $2.000 y cada uno se encarga de vender diez boletas para pagar el alquiler del teatro”. Pues ese día se nos llenó porque cada uno vendió sus boletas a los familiares, al primo, al tío, a la novia, el novio ¡se nos llenó! Lo tuvimos tres días pero ya para el segundo día, que ya fue el acuerdo diferente con el coordinador del Teatro Bolívar, que al ver que el primer día se llenó me dijo “Pues si quiere tengámoslo el sábado y el domingo -eso fue un viernes- y partimos ganancias” y le dije “Listo, hágale”. Se le empezó a hacer difusión por los medios de comunicación: yo siempre he trabajado en la parte de cámara y edición y entonces trabajaba con el canal local de allá que se llamaba Cable Cauca (noticiero Noti-Visión) y pues por allí se le dio difusión, pero ya el sábado fue la mitad de público y para el domingo fueron solo unos pocos. Pero realmente fue algo interesante porque se marcó ese hito de que alguien hizo una película, cosa que nadie había hecho. Yo, antes de El Parche estaba realizando con los muchachos unos musi-dramas que se llaman Mi vida en una canción, basados en un formato que en Caracol salió hace muchos años: tomábamos una canción y como ahí está la historia, simplemente le colocábamos las acciones, los diálogos y los personajes. De ese ejercicio salieron cincuenta dramatizados y se emitieron en los canales locales de Popayán, llegaron hasta Cúcuta y gracias a eso logre abrirme ese espacio en Cúcuta y llegar a trabajar allá. Se trató como de dejar esa semilla allá de que la gente haga cosas. Se han hecho algunas cosas, pero no hay como la pasión, como las ganas de hacerlo. Yo siempre he dicho que este cuento es más de pasión que de otra cosa.

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Int: ¿Y qué tanto de las ganancias en esas exhibiciones…?

WQ: Pues en esa época se cobró a… no recuerdo si fue a $5.000 o a $3.000 la entrada. Siempre quedo algo que la verdad, no recuerdo. Pero esa plata se repartió entre los que participamos, ese fue como el premio.

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Int: ¿Y además de la premier en el Teatro Bolívar, hubo una exhibición allí en el barrio?

WQ: En el barrio se hicieron unas exhibiciones. Es más, por ahí me entere que algunos de ellos, como yo les regale una copia a cada uno para que la tuviera como recuerdo, creo que algunos iban a otros barrios, montaban su coroto y cobraban la entrada y se lo embolsillaban. No me consta pero eso fue lo que me dijeron. Entonces bueno porque al menos hubo una difusión de la película por otros lados.

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Int: ¿Cómo fue el día de la proyección?

WQ: ¡Genial! Todo el mundo estaba contento: los vecinos, todo el mundo pendiente. Algo curioso es que no se vio como se vio aquí que todos estábamos viendo: analizando los planos, viendo actuaciones; allá todo el mundo era muerto de la risa: “¡Ay! salió julanito”, “Mira a Doña Magola”; entonces se convirtió como en un espectáculo, la gente se reía de verse ahí. Uno de ellos se acercó y me dijo “yo nunca pensé que yo fuera a salir en televisión. Yo esperaba salir en El Extra por allá cuando me quiebren”, yo me dije “Ve, interesante porque hay gente que no ha tenido ese contacto diferente al mundo real donde ellos habitan”. Entonces fue muy interesante esa parte de llegar a aportarles algo diferente en su vida, de pronto a que vieran otras opciones. De ahí, no volví a saber más de los muchachos. Cada cual, pasó esa película y seguimos en nuestro proceso hasta que por cuestiones laborales me toco ir a Cúcuta. Didier tuvo la oportunidad e hizo un ejercicio, pero ya metiéndose en la parte como de la guerrilla y cosas así, muy interesante, muy bueno.

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Int: ¿Usted logró ver algún cambio en los muchachos, después de la película? ¿Un antes y un después?

WQ: La verdad no sabría decirte porque lo que te digo: se rompió el contacto. En esas zonas, en aquella época era muy complicado meterse; o sea, tu meterte a Alfonso López o meterte a Los Sauces era prácticamente un suicidio porque allá la gente no veía la oportunidad de que robar. Hubo un tiempo que en ese barrio -Alfonso López- no entraba ni la policía y tuvieron que hacer un allanamiento grande con policías y el ejército para poder medio limpiar la zona y que se mejorara un poquito, pero eso fue después, con los años. Me he enterado que a muchos de ellos los mataron, hay otros que están en la cárcel ¿las chicas? pues hay muchas madres solteras. Eso fue lo último que me entere de ellos. Nosotros contábamos con que Didier iba a venir pero no sé qué pasaría que no vino. Esa pregunta había sido buena para él porque él vive por allá y los conoce. Él fue quien los contacto.

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Int: ¿Qué otras cosas has hecho?

WQ: Hice un largometraje que se llama Holocausto. Ese se grabó en las Minas de Azufre de Puracé. Como a mí siempre me ha gustado la parte de la acción y espero llegar a hacer algún día películas donde haya acción ¿sí? estilo cine comercial que me gusta mucho. Quise hacer algo como futurista aprovechando que tenemos en Popayán una locación muy hermosa que es el Volcán de Puracé y las minas de Azufre, unas minas de azufre que son espectaculares; entonces me dije “Ve, ¿por qué no hacer algo futurista? se armó la guerra, la bomba atómica y todo el cuento, se acabó prácticamente la raza humana y ya no hay comida, no hay agua, y empieza la lucha por la supervivencia, por el agua”. Escribí esa historia con dos bandos, los buenos y los malos. Se hizo ese largometraje que realmente tampoco paso a mayores pero se hizo el ejercicio, fue muy interesante salir del medio, de la zona de conforto de la ciudad e ir a grabar a un lugar diferente, hostil, donde las temperaturas bajan de cero, en un volcán prácticamente solos pues la mina estaba abandonada y lograr ese ejercicio. A los actores -incluyéndome- nos dio el mal de soroche que es el mal de altura: uno está en un lugar cálido, templado, y llega a la altura, a un lugar muy frio o muy caliente y lo que pasa es que se descompensa el cuerpo: te da fiebre, te da… mejor dicho, te maluqueas. Nos enfermamos varios y fue un proceso muy interesante porque era también la lucha por hacer la película: teníamos presupuestaba grabarla en cinco días (el rodaje) y nos tocó hacerla en tres días. Es algo muy bonito porque uno estando allá y enfrentarse a todos esos retos -a tomar decisiones, a cambiar cosas- es muy educativo para uno como realizador, se aprende mucho porque se está metiendo ¡y en ese frio y mojado! hasta la comida sabe a azufre, el agua sabia a azufre, lo que preparábamos sabia a azufre ¿la cámara? grabamos con otra camarita y estábamos grabando dentro de la mina y el agua caía y sabia a azufre ¿Qué paso? Toda la pintura de la cámara se levando y la ropa, apenas se secó, se rasgó. Llegue a la ciudad de Cúcuta y ya quise seguir trabajando con la parte de los musi-dramas: grabe dos y después ya comencé a hacer cortometrajes. Hasta el momento he hecho diez cortos en la ciudad de Cúcuta y ahora estoy trabajando en una historia que se llama El Sapo: es un largometraje que quiero realizar con los chicos que en este momento estoy en formación y estamos trabajando ejercicios de creación colectiva: los dividí en grupos y cada uno va a escribir una historia para hacer un corto de cinco minutos y empezar a trabajar.

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LG: Seria chévere que nos contaras como fue que terminaste haciendo películas. Porque yo sé que has sido como un autodidacta.

WQ: Yo inicie como muchos: queriendo ser actor. Soñaba con ser actor, soñaba con actuar en el teatro pero infortunadamente en Popayán no hay esos espacios. Esta el grupo de teatro La Mancha, que es uno de los más reconocidos allá, pero para entrar a ese grupo de teatro prácticamente me dijeron que tenía que pasar casi tres años en la banca -detrás de telón, apoyando- para que me dieran un personaje secundario. No me pareció justo y entonces empecé a autoformarme: comencé a leer mucho, a estudiar y a formar mi propio grupo de teatro. Llame algunos de mis amigos y empezamos a hacer obras, a ensayar, a explorar hasta que conocí el mundo de la televisión gracia a Nelson Osorio que estuvo aquí presentando Marcando Calavera. Él fue mi profesor de audiovisuales en el INEM y además era el corresponsal de Telepacífico en esa época. Un día, -yo estaba desempleado- lo vi y le dije: “Profe ¿qué hace?” -él andaba con la cámara (en esa época era la cámara ¾) y con el micrófono-, entonces le dije “yo le ayudo a cargar eso. Usted me paga y yo trabajo”. Yo lo hacía sobre todo por trabajo y me dijo: “Ve, verdad. Necesito un asistente, venga para acá”. Entonces empecé a trabajar con él, y con el tiempo me empezó a llamar la atención pues ya veía como grababan la nota y después las veía transmitidas en Telepacifico, y empezó a llamarme la atención el cuento del manejo de cámara. En esa época se cambió de la “¾” a la “9.000 Super-VHS”, entonces un día le dije al camarógrafo “venga ¿por qué no me enseña a manejar la cámara?”; y él me dijo “¡¿usted sabe cuánto me costó a mi aprender a manejar la cámara?!”; -“pues por eso, dígame cuánto cuesta yo le pago”; y en esa época me dijo que le diera un millón de pesos. “¡Ufff! ¿Está loco o qué? ¿Qué le pasa? ¡Me están pagando mil pesos por cada nota que haga, y usted me va a pedir un millón de pesos!”.

Entonces me dijo que no, y como me dijo que no y cuando a uno le dicen que “no”, para uno es “si”, entonces empecé a mirarlo: el cogía la cámara y yo veía como acomodaba la batería, como acomodaba el casete y él cogía y se escondía ¡Sí! cuando él iba a hacer el balance de blancos se escondía. Bueno, el caso fue que el profesor vio como mi interés y comenzó a enseñarme. Entonces yo empecé, cogí confianza y él me abrió las puertas de su casa: tenía tres cámaras, una biblioteca grande de libros de producción y dirección de cine y televisión. Empecé a devorar libros y a cacharrear con la cámara, empecé a ponerme pilas y ahí aprendí. Ya mire los planos -los básicos-: primer plano, contra plano, etc., hasta que ¡si señor! Llego un día en el que salieron a hacer una nota ellos dos, cuando llego el periodista solo y con la cámara donde yo estaba, me la puso en el pecho y me dijo “usted va a ser el camarógrafo corresponsal de Telepacifico de ahora en adelante”, y yo “¿y que paso con Enio?”; – “No, ya lo eche, siga usted”. Ahí ya me explico otras cositas y arranque. Entonces viendo esta nueva posibilidad me dije “vamos a comenzar a contar historias”. Ahora sí miraba las películas de otra forma y empecé a grabar unos cortos: hice dos cortometrajes en Popayán, y claro ¡ese fue el problema! Que cuando yo iba a grabar, después de haber renunciado forme un grupo: empecé a formar la parte de actuación y a querer hacer cortos, pero ¿qué paso? Cuando iba a grabar no tenía cámara, entonces “venga, présteme la cámara”; – “listo, te la presto pero una horita” y en una horita ¿que graba uno? Nada. Entonces me metí en la deuda de esa camarita -la saque a crédito, en esa época me costó como dos millones de pesos-. Grababa, pero luego: “venga hermano, colabóreme para editar”; -“No hermano, tengo media horita nada más ¡hágale a ver!”. No hacíamos nada, entonces me toco aprender a editar: ir donde los que sabían y sentármeles a un lado y que me enseñaran a editar. Primero me dijo un amigo: “siéntese y míreme” ¡Pues claro! Yo veía ese Premier y decía “no, esto toca ir a hacer un curso a la NASA porque yo no entiendo este man que hace: pegue aquí, y corte aquí, ponga un efecto y una transición… y yo mientras tanto ¿este man que hace?”. El caso es que me fui aprendiendo, aprendí lo básico: corte y pegue. Entonces iba y grababa la escena y ya estaba la parte de edición asegurada pero ¿y el equipo? Entonces me toco endeudarme otra vez y comprar mi computador ¡Listo! Ahí ya empecé a sacar mis propias producciones. También, a raíz de que fue creciendo la parte cinematográfica en Popayán, entonces fue Víctor Gaviria a Popayán a dictar un taller: hicieron un taller de formación de cinematografía básico donde venían talleristas de Bogotá -eso lo hizo el Ministerio de Cultura en Popayán, y que en Cúcuta se llamó el IMI-, se hizo ese taller y entonces uno aprendió muchísimo más. Y ahora la meta es continuar aprendiendo porque yo siempre he dicho que en este proceso todos los días se aprende, el que diga que se las sabe todas en este cuento pienso que es un mentiroso. Todos los días se aprende, así no sea en la técnica, pero si en cada historia que se cuenta, en cada vida que se quiere mostrar, cada personaje es una historia diferente. Fue una Odisea, pero bueno, aquí estamos. Yo le decía a Luisa que afortunadamente Tarantula Films soy yo ¿sí? No es ninguna empresa que se creó con fines de volverme millonario. Es una marca que yo cree con el fin de contar historias: una historia que me llame la atención, que me apasione, pues la escribo y la cuento y listo, si quedo bien: genial, si quedo mal: pues también; si les gusto: bien, y si no les gusto pues… también.

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IN: Yo sé que el guión de la película que acabamos de ver no es tuyo pero de repente sepas ¿Por qué la policía termina apareciendo como la heroína?

WQ: La policía la vi más que todo como un relleno que quisimos aprovechar. Me acuerdo que en la escena que peleaban y salían corriendo, uno de los agentes que manejaba la parte comunitaria allá en esos barrios quiso en ese último día de rodaje como involucrarse: “muestre la institución” me dijo. Entonces yo le dije “pues a nivel visual es interesante, pero necesito que usted llegue, se baje con el arma y mire al muerto, se agache, lo revise y llame al radio a la policía”; y él – “Ah no, no, nosotros no podemos mostrarnos”; -“Bueno entonces llegue ahí con esa patrulla aunque sea y parece ahí”. Entonces se hizo, pero realmente en la historia se quiso mostrar esa realidad que vivían ellos; por ejemplo, El rap que canta el pelado era que el sueño de él era hacer un video musical y salir cantando su rap y todo el cuento. En esa época no es como ahora que usted con cien mil pesos graba una canción, en esa época era complicadísimo grabar un tema porque costaba mucha plata. Vio esa oportunidad y me dijo “venga, yo quiero como cantar esa canción”; y le dije que listo. Entonces se quiso como darle ese matiz.

La parte de la música fue un grupo de… esa fue una música que yo saque de internet y la parte de la música bailable es un artista de Popayán que se llama Oscar, y que canta la parte de la música tropical y eso.

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Luisa Gonzalez: ¿Ese momento de la marcha de la paz cómo fue?

WQ: Se quiso hacer como ese paralelo entre los que quieren la paz y “no al secuestro”, y los otros que están pensando en secuestrar. Quisimos como hacer ese cruel paralelo en el que todos estamos en diferente tónica: el malo está con su cuento y el bueno está en lo suyo, pero igual nada va a impedir que el malo haga sus maldades y el bueno sus cosas buenas. Ya hay un punto de que algo afecte a lo otro, eso ya es otra cosa. Y también, obviamente, querer como aprovechar los chicos de la escuelita del barrio que querían salir y querían mostrar y entonces esa si me pidió y les dije “hermano, pues hagamos como una marcha de la paz: hacemos ese contraste ahí que estén los dos manes que van a secuestrar y…”. Esa escena si fue un poco improvisada, pero realmente salió interesante.

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LG: Una pregunta que le hago a todos los directores que han pasado y es ¿por qué cree que estas películas han tenido como una acogida de las clases populares? Porque aquí en la academia, hoy vienen pocos, pero el día que presentamos Sargento Matacho, que es como una gran producción y que llenó el auditorio. De pronto estas producciones que son más independientes –populares- y que han tenido otro tipo de públicos ¿cómo podrías entender el público que ha tenido El Parche? que ha sido un público que es el que está en el centro de Cali comprando las cosas más económicas ¿sí? entonces va a ser un público de clase popular, que comparado con el que va a un supermercado por ejemplo, o al que compra películas a cinco mil pesos.

WQ: Yo veo dos cosas: una, por curiosidad: por saber qué es eso; por ejemplo, muchos en Popayán después de que se pirateo está película me decían “es que yo la compre para ver usted con que salió”, yo lo veo más, por esa parte, como de la curiosidad “ve compremos, es una película de Popayán, vamos a ver qué es esto”; y lo mismo ha pasado aquí en Cali porque a mí un amigo una vez me dijeron “Si, tu película está pirateada aquí en Cali, y es más, yo la compre para ver vos que habías hecho allá en Popayán”; y lo otro es que el hecho de que cuando se hable de pandillas, se hable de droga, como que le llama mucho la atención a la gente; yo siento que, como alguien lo decía acerca del cine comercial “lo que es el sexo y la violencia venden”. Entonces en estas producciones el hecho de hablar de ñeros y el hecho de ver esa sociedad decadente, esa sociedad deprimida, enclaustrada en el vicio, en la droga, en la prostitución y todo eso, yo pienso que en cierta forma le atrae mucho a la gente; o sea, a la parte que es como el lado malo que tenemos todos, ese lado que es el que en ese momento como que “¡Uy! una película de ñeros. Vamos a ver si vemos algo interesante, si vemos muertos”.

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LG: Aquí en Cali lo piratas eligen escenas y confunden y dicen que son películas de Cali. Porque por ejemplo, yo compre El Parche porque me dijeron que era de Cali y cuando la puse dije “eso es Popayán, el hablado, todo”. Ellos hacen eso mucho. Por ejemplo hay una que se llama Guarenas en dos ruedas que es venezolana y que son como unos tipos que andan en motos por las invasiones de Caracas y parece perfectamente Siloé, y te lo venden como si fuera Siloé. En la portada y todo le ponen “Siloé, Distrito de Agua Blanca”.

WQ: Es la forma como de comercializar de ellos, y por eso escogen la mejor escena: la mejor foto donde hay un arma; y si hay una escena donde hay un desnudo, pues ponen la chica desnuda y entonces: “¡Uy! hay sexo en esta película, la compro” o “¡Uy! hay plomo, la compro”. Entonces es como esa parte morbosa que tenemos todos que ínsita a ver este tipo de películas.

Cuando estuve con Marcando Calavera con Nelson Osorio -porque yo iba a ser el asistente de dirección de la película hasta que tuvimos una discusión entonces yo me retire de la película y termine siendo extra- paso algo muy curioso, y es que estábamos grabando una escena que era de dos novios que se encuentran: el sale de la cárcel y se encuentra con la chica detrás de una iglesia (se quería mostrar como la profanación del lugar santo) y detrás de la iglesia tienen sexo. La chica que acepto el personaje dijo “Listo, yo lo hago, no hay problema”, y la escena mostraba en primer plano cuando él le besaba los senos; pero cuando, obviamente, llegamos a la grabación, cuando ya estaba la cámara, las luces, el asistente, el camarógrafo, el director… se asustó la chica, entonces ¿qué toco hacer? uno como director trata que su producto no se altere en lo más mínimo pero ¿qué paso? La chica no quería, no quería y al final él estaba muy enojado y otra de las chicas dijo “¡listo! yo presto mis senos”; pero pasaba que la chica era blanca y la protagonista era morena, entonces toco maquillar esos senos ¡Juepucha! le echaron toda la base que había y listo, se hizo la escena, pero ¿qué paso? Cuando promocionaron esa película -que salió pirata- en una de las caratulas -de las tantas que han hecho- sale el primer plano de él besándole los senos. Entonces claro: “¡Uy! eso hay sexo venteado ahí”. Son cosa como que la parte del morbo atrae.

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LG: Incluso me contaban los piratas que ahora ponen mucho, en Petecuy, una escena que sale alguien como con una motosierra y los amenaza, y que les ha pasado que la gente la compra pensando que toda la película es así y llegan y les dicen “Ve ¿qué es esto? esto es un documental” (Risas) Esperan que toda la película sea como ese fragmento que ellos eligen.

WQ: Si, esa es la parte comercial de ellos. Ellos quieren vender su producto a como dé lugar y una vez usted la compro, y como lo compro a dos mil pues: “¿Para ir a devolverlo? que pereza”.

In.: Se la compran a mil ($1.000). Él vendedor dice -cuando te venden la película- que se la lleve de nuevo que la compras a mil pesos; o sea: la venden a dos mil y dicen “cuando se la vea viene que yo se la compró a mil pesos”.

WQ: ¡Ah vea! Esa no me la sabía, tienen negocio redondo.

In: Como en alquiler.

WQ: Exactamente. ¿Quiénes de los que están aquí son realizadores, o van a ser… o les gustaría contar historias?

Contar historias como esta -esta vivencia personal- se trata de pasión; o sea, algo que a mí me gusta hacer: yo no lo veo ni por volverme famoso, ni por volverme millonario porque…. ¡no es imposible! pero es muy difícil. Entonces yo siempre lo veo desde ese punto de “chévere yo contar la historia del profesor aquí”, o contar la historia el alumno, o contar la historia de amor entre una pareja ¿sí? o contar el lado oculto de él ¿Qué piensa cuando está solo en su habitación, que quiere, cual es lo retorcido que él tiene? Entonces es como querer contra historias. Porque sucede algo muy curioso con la gente, por ejemplo en Popayán llego una vez y me dijo un amigo -burlándose de mi-: “el día que yo haga un cortometraje, una película es porque me tienen que pasar el guión espectacular”, y yo le dije: “Ah sí, pero si yo tuviera ese guión espectacular no te lo paso a vos”; -“¿por qué? yo estudie”; – “si, vos estudiaste, sabes mucho más que yo pero te falta algo muy importante que es la experiencia”. Él tiene todo el conocimiento pero no es lo mismo lo que uno aprende en el salón de clase a cuando tú sales y te enfrentas al medio, cuando tú te das cuenta de que la sonidista está cansada y que está diciendo “ya cayese hermano, no hable más”, o que cogió mal el sonido, que no entro sonido, que la cámara no funciono, o que no hay luz o que está muy oscuro en esa locación, que no tengo luces; son cosas donde uno improvisa, se las ingenia. Eso le dije a él “es que vos no tenes experiencia”. Por ejemplo, los cortos que hemos hecho los hemos grabado en uno, máximo dos días porque no hay tiempo -todos trabajan, todos estudian- entonces es como decir “el domingo arrancamos a las seis de la mañana y pasamos derecho”. El almuerzo de nosotros es gaseosa y pan, y si logramos de pronto contactar un restaurante que nos de algún sándwich se hace, sino no, no. Entonces en cierta forma yo creo que la falta de dinero en la parte de las producciones cinematográficas influye un poco en que no se hagan de mejor calidad porque es qué yo no puedo dedicarle todo mi tiempo, mi esfuerzo, mi concentración, sabiendo que en mi casa tengo que pagar el arriendo, tengo que llevar la comida, tengo las culebras encima, y hacer una película a mí no me va a dar plata, entonces nos toca hacerlo lo más rápido posible los cortos para poder realizar mi sueño personal de hacer un corto, de tener un hijito. Esos son mis hijos ¡Ya! Que vuelvo y repito, les guste o no les guste es mi hijo y me siento feliz y me siento realizado porque lo hice. Por ejemplo, hay un amigo que está esperando ochocientos millones de pesos para hacer una película y ya lleva diez años esperando. Todavía sigue insistiendo en que la va a hacer con ochocientos millones y yo le dijo “¡pues hermano! hágase un cortico. Vaya preparándose para cuando le lleguen esos ochocientos millones usted ya tenga toda la experiencia para que esa película que usted quiere hacer sea todo un éxito”. En el caso del que quieres hacerlo, chévere; pero entonces es pensar desde el punto de vista de contar historias. Cosas como lo que me acaban de pasar hoy -que es algo muy maravilloso- son una añadidura, es ganancia: el hecho de que Luisa me haya tenido en cuenta, haya tenido en cuenta El Parche y de que yo este acá para mi es maravillosos, y así pueden suceder muchas cosas pero siempre y cuando tú no tengas esa mentalidad de dinero. Si tú tienes esa mentalidad de fama ¿Qué pasa? Tu hiciste una película y como ha pasado con El Parche: ustedes la buscan en YouTube y la garrotiza que le han dado a esa película es horrible “Esa porquería, eso parece hecho por allá en Ecuador ¿cómo así que actores de Popayán? esas viejas tan feas, eso es una mierda”. Yo leo eso y de pronto debería decir “vea hermano, vaya busque eso y borre todo eso” No, porque eso para mí es enriquecedor, el que hizo el comentario no sabe ni como se hizo, no sabe que solamente era esa camarita y era a pulso: “¡Acción! ¡Corte! vamos para el otro lado ¡Acción! ¡Corte! y luego el plano general ¡Acción! ¡Corte!”. Nadie sabe cómo se hace este cuento hasta que no está allí. Desafortunadamente lo que se muestra ahí es lo que vale para el público. Uno que ya vive en carne propia lo que hizo entonces es quien le da valor. Les voy a ser sincero, yo no había visto El Parche, y me decía “voy a verla para que cuando llegue allá me acuerde de cómo eran los personajes, me acuerde de todo”. No fui capaz de verla. Hasta ahorita que me senté juicioso a verla, y decía que increíble, cuando hice El Parche apenas estaba empezando y de esa época a acá pienso que hay muchas cosas que aún son rescatables, son buenas. Me estaba autocriticando y decía “veo, unos planos interesante, veo que en la edición no hay tanto error de Script, lastima la parte de los actores, como siempre”, pero vi cosas que se rescatan a pesar de todo el miedo que tuvimos en ese rodaje, toda la tensión. Fue algo que para mí fue muy bonito y no me da pena decirlo. Por eso no me dio pena colocarle mi nombre aun sabiendo que no es lo mejor que yo he hecho, ponerle mi nombre porque es parte de mi formación, es parte de mi historia como director y que algún día se diga “ese man que empezó haciendo esas peliculitas ahí, de pronto llego algún lugar: ese man está en Hollywood, ese man está en Bogotá dirigiendo”, nunca se sabe ¿Alguna otra pregunta?

LG: Recomendarles el canal de YouTube de Tarantula Films. También pueden ver lo que está haciendo Wilson en Cúcuta.

WQ: Ahí están los diez cortometrajes, ahorita estoy subiendo todos los musi-dramas.

LG: Están buenísimos. El que vi me gustó mucho, el de El Macho y el Hombre.

WQ: ¿Si? Ahí me toco actuar ¡Ah! Y por fin pude hacer mi sueño realidad de actuar ¿no? Porque “listo, vamos a grabar muchachos”; “vea que nos faltó el personaje; llámelo”; -“¡Que hubo hermano!”; -“No es que estoy enfermo”. Listo: “Wilson, yo hago el personaje”. He hecho mis pinitos y mi sueño como actor. Se llaman Tarantula Films Cúcuta y Tarantula Films Popayán. Y ahí pueden encontrar todos los trabajos que hemos hecho, y pues ojala que esta sala se multiplique y que llegue a muchísima gente más. Yo sé que aquí hay mucho potencial, hay muchísimo talento, pero como en todo lado no hay ese apoyo, no hay como esas ganas de… este cuento del Cine es más que todo de pasión, de meterle ganas, de hacerlo “porque me gusta”, vuelvo y repito: no es esperar plata, de volverme millonario, de volverme famosos sino de hacerlo: contar las historias de los caleños ¡chévere! Así como allá en Cúcuta es el “toche”, y ellos dicen que no quieren hablar así “Hablen así porque ustedes son Cucuteño, hablen” a mí me parece muy bacano como hablan los cucuteños, al igual que los pastusos, entonces: “sean ustedes”; -“no mano, que le pasa…” Bueno, muchas gracia por venir, muy amables…

(Aplausos)

Muchas gracias, ya este es el final del ciclo. La próxima semana ya nuevos ciclos, por ahí verán, el lunes, espero, este actualizada la página de la Cinemateca para que se programen.