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El mundo entró en crisis hace un tiempo. La economía, las instituciones, naciones y tradiciones entraron en crisis. El mito de Europa y del norte como trinchera civilizatoria, en general, también. Ensimismado en la conservación de sí mismo, en sus tradiciones, así como en la promesa de un crecimiento económico infinito, el norte se agotó. También se agotaron los marcos teóricos-epistemológicos; los paradigmas estéticos conocidos, la producción de imágenes y el mercado del arte. Desde la caída de las torres gemelas el mundo ha venido pidiendo a gritos un cambio de paradigma y mirada: una sacudida, otros enfoques, otras formas que trasciendan las contradicciones económicas y culturales del eurocentrismo creadas a partir de la experiencia colonial.

Es de ese malestar, de esa crisis, de la que brotan otros mundos, otras miradas, otras perspectivas, otras estéticas contenidas en la herida colonial y en lo que antes era “planolandia”: el mundo visto desde un único punto de vista. Con la técnica de la perspectiva del Renacimiento, la visión binocular cambió a un solo ojo, privilegiando un solo punto sobre todo el campo visual. Un ojo solitario observa la escena representada frente a él a través de una mirilla, un ojo estático, no parpadeante.

Este modo de ver logró convertirse en el modelo predominante de la civilización occidental, pues ella expresó de la mejor manera la experiencia “natural” de la vista valorizada por la idea del mundo científico. La técnica de la perspectiva junto con la filosofía cartesiana fueron las que consolidaron las bases del conocimiento objetivista y realista de la modernidad. La crítica de los estudios visuales al eurocentrismo no va contra los clásicos europeos, ni contra la civilización europea como área de estudios, como lo explican Ella Shohat y Robert Stam en Multiculturalismo, cine y medios de comunicación, sino que tiene que ver con la hegemonía de la mirada en donde Europa es el centro.

Por su parte, las estéticas decoloniales a las que se refiere Walter Mignolo, buscan descolonizar la universalidad del concepto de estética –cuyo significado se restringió a “la sensación de lo bello” – y volver a la aesthesis. El sentido original de la aesthesis gira en torno a la idea de “sensación”, “proceso de percepción”, “sensación visual”, “sensación gustativa” o “sensación auditiva”. La aesthesis es un fenómeno común a todos los organismos vivientes con sistema nervioso.

Permeadas por las cosmogonías de cada cultura así como por las luchas que van desde el territorio hasta el cuerpo, cada estética produce un conjunto de historias locales, creencias y paradigmas culturales específicos. Es de esta diversidad que nacen las estéticas decoloniales.

Para este número queremos invitar a investigadores, periodistas, realizadores audiovisuales, cineastas, artistas y curadores, interesados en la escritura sobre lo audiovisual, a que propongan reseñas de películas, crónicas de festivales, muestras y eventos, entrevistas, reflexiones, sistematizaciones de experiencias, investigaciones y ensayos en donde se analice, se discuta, se ponga en evidencia las estéticas decoloniales, las culturales visuales y el pensamiento decolonial. Nos interesa recibir textos cuyos análisis trasciendan los límites de lo cinematográfico, suscribiéndose a otros campos como las artes, la comunicación y las nuevas tecnologías, posibilitando así el conocimiento de otras prácticas que transforman los modos de ver y pensar lo visual.

 

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El abrazo de la serpiente (2015) - Ciro Guerra

 

Zama (2017) - Lucrecia Martel

 

Safari (2016) - Ulrich Seidl

 

Beau Travail (2000) - Claire Denis

 

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