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Encuentro Cada vez más cerca del final

Encuentro Cada vez más cerca del final

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En el marco del Salón Regional de Artistas del Pacífico “Reuniendo Luciérnagas” el próximo sábado 11 de julio nos reunimos en el Museo de la Cinematografía Caliwood para compartir una tarde de café con algunos cineclubistas y proyeccionistas de la ciudad que han presenciado diversos procesos locales y cambios tales como el paso del cine análogo al digital, el cierre de los grandes teatros de barrio y el establecimiento de los primeros espacios para la proyección de cine dedicados a la formación de públicos. Sus historias serán traídas al presente por las preguntas de los cineclubistas de hoy y quienes deseen asistir al evento, para conversar sobre la pregunta: Estamos cada vez más cerca del final?
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Fecha: Sábado 11 de julio. 5PM
Lugar: Caliwood Museo de la Cinematografía
Av. Belalcázar No. 5A-55 – Edif. El Retiro

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.Cada vez más cerca del finalDesde la ventanilla de proyección, ese pequeño rectángulo iluminado que siempre se ubicaba por encima de nuestras cabezas, los operarios de las grandes máquinas que hacían mover y sonar los fotogramas del celuloide, observaban los llenos absolutos de las salas en las que se mostraban las más importantes películas que llegaban a Cali y que en familia veíamos en teatros como el San Fernando o el Calima. En esos pequeños cuartos invadidos por un ruido machacante proveniente de un artilugio de acero que movía tres gigantescos platos ocurría la magia. Los proyeccionistas se ocupaban, entre otras cosas, de proyectar la película sobre la pantalla; insertar la película en el carrete; colocar la cinta sobre el engranaje del proyector; comprobar que la cinta estuviera puesta correctamente; rebobinar las cintas de las películas; retirar el rollo del proyector; colocar la cinta de la película en la máquina eléctrica rebobinadora y guardar la película en el recipiente destinado para ello. Si fallaba un proyector, ellos debían pasar la película de inmediato por uno auxiliar, nada menos que hasta cuatro kilómetros de cinta, que era la capacidad que tenían los platos para albergar los rollos. Además, debían tener no sólo conocimientos de cine, sino también de mecánica y electricidad, pues en el cuarto de proyecciones eran los máximos responsables de que todo funcionara. Los proyeccionistas eran un engranaje invisible pero fundamental del acto de ver cine, y ahora, podría catalogarse su profesión como una especie en vía de extinción, pues con la llegada del cine digital, esta labor artesanal y minuciosa ha empezado a caer en desuso. Por ello, consideramos de gran valor conocer sobre este quehacer y discutir sobre el futuro por venir.

Por otro lado, aunque estrechamente relacionados, queremos conversar sobre los cine clubes. La evolución de este movimiento, sin duda, es inseparable de la evolución de la cultura cinematográfica; desde sus orígenes, la práctica cineclubista ha sido una corriente alternativa de consumo cinematográfico en la que prima el encuentro, la discusión, la reflexión, el análisis y la crítica de cine, antes que una asistencia acrítica, anodina o meramente basada en el entretenimiento. En la segunda década del siglo XX, comenzó a darse una nueva visión del cine en la que se defendía que este no podía limitarse a la “reproducción” de la realidad, sino que debía llegar a ser un medio de expresión original y autónomo. En este contexto comienza a aparecer la crítica cinematográfica y un interés por formar a un nuevo espectador que respondiera a un cine distinto. Como parte de un movimiento vanguardista europeo que se propone convertir el cine en un arte, los cineclubes surgen en Francia en 1920 y con rapidez, se extienden y se convierten en agrupaciones de espectadores aficionados al cine que presentan y discuten las nuevas películas. Otros surgen con la finalidad de dar a conocer las obras de los mejores artistas, prohibidas por la censura o rechazadas por el sistema comercial pero no se limitan a proyectarlas, sino que se proponen profundizar en ellas a través de la libre discusión.

De esa historia se puede decir que Cali conoció bastante. Por ello, junto con el re-conocimiento de la labor de los proyeccionistas, queremos que los cineclubistas que establecieron en la ciudad los primeros espacios para la proyección de cine con aras a la formación de públicos, quienes también han vivido el cambio del cine análogo al digital y que vieron cerrar a los grandes teatros de barrio, compartan sus historias y nos cuenten desde sus experiencias y la situación actual del denominado cine colombiano, si efectivamente en su quehacer y en el nuestro, estamos cada vez más cerca del final.

 

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Coordinado por Revista Visaje y Cinemateca Univalle