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Entrevista a Sebastián Múnera, director de La Torre.

Entrevista a Sebastián Múnera, director de La Torre.

Por: Juan Camilo Martínez
Estudiante de Comunicación Social en la Universidad del Valle y cine clubista de la franja de no-ficción del cine club Caligari en ‘lugar a dudas’.

 

El próximo 7 de septiembre se estrena en la Cinemateca del Museo La Tertulia, la ópera prima del también artista plástico Sebastián Múnera, La Torre, una película que parte de la única fotografía que se conoce del atentado que sufre la Biblioteca Pública Piloto en 2004 para trasladarnos al olvido y la negación de este hecho a través del lenguaje cinematográfico.

Esta película llega a diferentes salas alternas del país gracias a la productora/distribuidora de Felipe Guerrero, mutokino y su programa Fórum. Una iniciativa que busca poner a circular películas arriesgadas, personales y diferentes que difícilmente podrían entrar dentro del sistema comercial/alternativo de distribución y exhibición cinematográfica pero que no dejan de ser necesarias para reflexionar sobre nuestro contexto e imaginarios. Como parte del programa también se estrenan otras siete películas; Nacimiento (2015) de Martín Mejía, Interior (2017) de la realizadora caleña Camila Rodríguez, Mariana (2017) de Chris Gude y los cortos La Bachue (2017) de Camilo Restrepo y Besos Fríos (2016) de Nicolás Rincón Guille y el reestreno de la copia restaurada de Chircales de Marta Rodríguez y Jorge Silva.

 

La película es resultado de una larga relación que creaste con la Biblioteca Pública Piloto. ¿Qué te atrajo de ese lugar? ¿Cuál es su relevancia particular?

Los espacios donde se acumulan cosas siempre me han llamado la atención, las papelerías, las imprentas, las bodegas… en esos lugares siento que se manifiesta algo muy humano. Con la biblioteca ese instinto se me hace mucho más potente, es como si ahí se encarnara un deseo de comunicación, pero también de fracaso. La Piloto es la biblioteca más importante de Medellín, queda a un par de cuadras de mi universidad y siempre su edificio me fascinó, es muy atípico en la construcciones de la época en la ciudad.

Como biblioteca tiene una historia potente: permite la reurbanización de la ciudad hacia el otro lado del río Medellín, se ancla como nodo cultural de la zona desde los años setentas, tiene una archivo fotográfico muy poderoso. Pero también tiene una versión particular, se estaba hundiendo hace unos años debido a que los suelos habían empezado a ceder después de 60 años de haber sido construida encima de lo que fue un meandro del río. La Piloto se posiciona como protagonista de una historia de ciudad, incluso escondiendo su propia historia,  como lo que sucedió con el atentado que se menciona en La Torre. Luego me enteré que la iban a demoler, que buscarían los cimientos de cada una de las columnas para reforzarlas y que dejaría de ser biblioteca por un tiempo, eso fue suficiente para que las ganas se convirtieran en obsesión y poder hacer la película.

 

Revisando tus proyectos y obras veo que las bibliotecas aparece varias veces ¿Cómo entendés estos espacios?

Trabajé con bibliotecas durante un largo periodo en mis proyectos, las pensé desde mucho ángulos, estuve metido viviendo su tiempo, sus dinámicas, sus propósitos. Los cuestioné, hice parte del espacio. Las bibliotecas me interesan como  arquetipos de conservación y divulgación del conocimiento, pero también como archivos en donde existe todas las posibilidades y conexiones. Lo que me interesa no son las bibliotecas sino la forma de pensamiento que se esconde en ellas. La Piloto encarna una forma de pensamiento, es decir, esos espacios me ayudan a aprender sobre lo que me inquieta. Son espacios de aprendizaje.

 

¿Cómo ha sido tu relación con el cine? (Tanto como espectador como realizador)

Le tengo mucho respeto y admiración al lenguaje cinematográfico. Empecé en un cineclub viendo películas con mis amigos, y luego haciendo ciclos y “piratiando” lo que necesitábamos ver. Ahí es donde más he aprendido sobre cine, igual no sé nada y el cine es muy jóven. En cuanto a realizador, creo que lo que tengo para decir por ahora de esa relación está en La Torre. Hice la película para explorar esa relación.

 

Ya habías materializado tu relación con este espacio a través de otros medios más plásticos ¿Cómo se concibió La Torre como obra cinematográfica?¿Qué pudiste decir con el cine que no pudieras con los otros formatos?

El cine no es un formato, es un lenguaje. Yo quiero explorar ese lenguaje, aprender a decir algo, trasmitir algo de lo que pienso y siento, mediar con imágenes y sonidos, y descubrirse en el montaje. Es una escritura de largo aliento, no solo en cada película, sino también entre ellas mismas. Hay un tiempo único que se revela en el cine, ese tiempo es lo que la escultura, ni la pintura ni la fotografía tienen. En el cine esas cosas se intentan unir, es un arte colectivo.

Necesitaba el tiempo específico del cine, hay algo que ese lenguaje contiene. Luego llega la experiencia inmersiva del teatro de cine, un experiencia sensorial poderosa en medio de la oscuridad de la sala, esos aparatos de exhibición que ha inventado el cine son muy potentes.

 

¿Como fue el proceso de escritura de la peli y qué dificultades encontraste en ese momento?

La escritura se díó en el lugar, escribí con la biblioteca. Luego hice una lista de imágenes que metí en “orden” en el guion. Era una sumatoria de imágenes que veía e imágenes que deseaba, y más que una historia, el guion, era una mapa. Es decir, todo estaba escrito con el lugar específico donde había que filmar, me sabía la biblioteca de memoria, me sentía como en casa. Era un guión muy geográfico, por lo tanto lo más difícil era escribir las escenas de la parte de  la construcción y demolición de la biblioteca, pues no sabía con qué me encontraría exactamente, ni tampoco conocíamos bien el ritmo de trabajo de la demolición. Así que era un poco ir escribiendo sobre la obra (obrar) y eso fue mucho más motivante: primero ver lo que tienes enfrente (la realidad), luego leer lo que tenías escrito (ficción) y por último, y lo que me pareció más emocionante, buscar la manera de filmar esa alteración.

 

 

Los personajes que escogiste no son los que uno relaciona normalmente con una biblioteca/los libros; el erudito, el intelectual, el estudiante. Son otro tipo de personajes, ¿cómo llegaste a ellos y por qué los escogiste/creaste ?

Yo no quería escoger personajes en La Torre, quería personas lo más cercano posible a lo que había en la biblioteca, en otras palabras, la biblioteca ya tenía su oferta. Gloria, una bibliotecaria que cuidó y limpió el lugar de los libros por 25 años, Neyder, un obrero de las demolicion y Jorge, un fotógrafo que habita el archivo y el cuarto oscuro. Sin embargo debo confesar que pasé por esos personajes clichés que se relacionan con las bibliotecas, por ejemplo el erudito ciego y aunque es una metáfora muy bella, en La Torre, me dí cuenta rápidamente que la ceguera estaba en otro lugar, sobre todo en esa imagen oculta del atentado, es decir el evento que no tiene registro visual.

 

¿Qué sucedió con la peli en el encuentro con Escalante y Ospina, en México?

La Torre estuvo en un taller titulado Encuentro para un cine posible en Sonora, México, en el marco del Festival Internacional de Cine en el Desierto, cerca a la frontera con EEUU. Lo que me motivó fue la combinación entre  “Cine posible” y “frontera”. Entonces pensé que era una oportunidad para entender lo que había hecho con la película.

Presenté un corte de la película sin post producción un día a las 8 de la mañana. (Creo que cualquier película a esa hora puede ser difícil de ver). Luis decía que eso no era cine, que eso era arte y Amat dijo que se quedó esperando que un monstruo saliera al final. Luego interpreté esa información, tomé lo de Ospina como un halago y no le metí un pulpo gigante violador a la película. Los compañeros decían también cosas interesantes, Gustavo Hernandez, ahora amigo, me dijo algo que me atrapó: “(…) sentí que los personajes eran fantasmas que habían quedado encerrados eternamente en la biblioteca después de muertos en la explosión.”

 

La película es muy juguetona con lo fotográfico. Explora muchos sus posibilidades. ¿cómo llegaron a eso?

La fotografía es apasionante, es una cosa entre mística, científica, incluso alquímica. Habitamos uno de los archivos fotográficos más importantes de Latinoamérica. La Torre -al menos para mi- fue esa búsqueda, desde el cine, por lo fotográfico: foto-gráfico, es decir, el dibujo con luz. Todo el tiempo buscamos el sol, pero no teníamos miedo de estar completamente a oscuras, nos metimos dentro de archivos que ellos llaman “colmenas fotográficas”, creamos cuartos de revelado en ruinas, la cámara de cine entra por el estenopo, incluso entra a la antigua cámara de Benjamín de la Calle. Fue algo muy erótico, lo disfrutamos bastante.

 

Cuando vi la película sentí se había escrito en el montaje más que en el guión. Corregime si no es así, pero me interesa saber ¿Cómo fue este proceso con Rodrigo Ramos?

Se escribió en todo lado, se podría decir que hay tres estados de escritura, una en el guion, otra en el rodaje, y otra en el montaje. El estado específicamente cinematográfico es la última. En el montaje sucede el cine, las imágenes se tensionan, se anclan, se repelen, se unen…¿cómo no escribir la película en el montaje? La verdad no entiendo cómo una película puede estar lista desde el guion y saber si es buena. En el guión aún hay secuelas de lo literario, en el rodaje de lo teatral, pero en el montaje es donde el cine se sigue inventando.

 

Rodri… ufff, es un persona increíble, disfruté cantidades trabajar con él, es una persona con mucha paciencia y además se habla de cine todo el tiempo, tiene muchas películas en la cabeza y en sus discos. Mucha información poderosa circuló en nuestras sesiones, el hizo crecer la película desde lo conceptual, desde lo rítmico. Nunca sentí que estuviera haciendo un trabajo, él estaba pensando conmigo. Nunca olvidaré esas sesiones de montaje, sentía que la película estaba viva. Montamos la película en un finca, encerrados en varias sesiones, días enteros entre diálogos, almuerzos y café. Augusto Sandino, el productor, Rodri, y yo, descifrando cada tiempo, cada plano. Un día Rodri me dijo cuando estábamos montando el final de la película, “sal y camina por ahí, dame la confianza y déjame hacer mi trabajo”, Agarré unas botas, y me fuí a caminar…pensaba en ese final todo el tiempo, pero sabía que Rodri había entrado ya en la película. Esa mañana, al regresar, confirmé que había empezado una amistad.

 

¿Cuales fueron los tiempos de la película en la pre, pro y pos?

Así suene un poco romántico, la “pre” para mi es mucho anterior al tiempo al que uno empieza investigar, incluso mucho antes de se sepa que se va hacer una película. Toda la vida está metida ahí. Pero bueno, 2014 escribí el primer tratamiento, 2016-1 rodamos por dos semanas largas. La pos finalizó en el 2017 en México. Estrenamos mundialmente en Rotterdam este año.

 

En tus entrevistas casi siempre hablas en plural. ¿Quién es ese nosotros?

No podría haber hecho la película solo. No es mi película, es nuestra película. Alejandra Jaramillo, Juan Sebastián Gutierrez, Esteban Valencia, Julián Carvajal, Maria Mazo, Andres Acevedo, Erika Castrillón, Olga Acosta, Jorge Ortiz, Gloria González, Neyder Gallego, los hermanos Viana: Nico y Mario. Augusto Sandino, Nubia Cubillos, Rodrigo Ramos, Santiago Galván, Héctor Ruiz, Christian Tapia, Nicolenka Beltran, Lisa Tillinger.

 

La película en ‘términos de la industria’ es “pequeña”.  Esto implica dificultades y ventajas. En tu caso cuales fueron.

Todavía no sé qué es la industria del cine en Colombia. Supongo que tuve más libertad. Creo que es necesaria para la creación.

 

Ni una ficción, ni un documental. La Torre es más bien algo a mitad de camino entre ambas cosas ¿Por qué?

Ficción y también un documental. Parece que fuera un ideal llegar solo alguna de estas dos costas. Para mi es una búsqueda de lenguaje cinematográfico. Si la ficción y el documental fueran orillas, yo preferiría estar a la deriva, en medio de una tormenta en mar abierto. ¿Por qué?…bueno, pues siento que ahí hay más acción, más movimiento. Pero entiendo a la gente le gusta estar a la orilla viendo un línea de horizonte sin movimiento.

 

¿Lograste entender por qué solo existe una imagen de ese atentado? ¿Por qué era tan poco conocida?

No logro entenderlo del todo. Tengo hipótesis: en el 2003 fue el proceso de Justicia y Paz de Álvaro Uribe, habían unos reinsertados del Bloque Cacique Nutibara trabajando en la biblioteca. En el 2004 fue el atentado, y muchos bibliotecarios aseguran que fue las FARC. La biblioteca se convirtió en objetivo militar. No creo que para el agite político haya sido conveniente hacer mucho escándalo. Deben haber más imágenes, y por supuesto más pruebas,  la única que encontré fue esa. Pero bueno, no soy detective, soy artista y trabajo con imágenes o con la ausencia de ellas.

 

¿Cómo fue el proceso para que la película llegara a distribución? (Danos tu opinión sobre la dinámica de distribución de mutokino)

Felipe Guerrero se enteró de La Torre cuando entramos a Rotterdam, la vió y nos dijo que quería que hiciera parte de su programa de distribución. La respuesta fue inmediata. La labor de mutokino es titánica, es romper y abrir espacio, no solo en la programación de las salas sino también en la cabeza de los espectadores. ¿Por qué?…la única respuesta que encuentro es pasión, amor y respeto al cine. Hacer cine en Colombia no es sólo hacer películas, es hacer que se vean, es conocernos entre nosotros lo realizadores, es motivar a que se hagan más cosas. Es crecer como espectadores, como lenguaje, consolidar nuestras preguntas, multiplicarlas. Abrirnos un espacio, aprender y convocar al ritual que es el cine.

 

¿Ya tienes un próximo proyecto cinematográfico? ¿Qué nos puedes adelantar de él?

Es en un zoológico.

Fotografía por Esteban Valencia